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El Hormiguero: La trinchera analógica que se niega a morir

¿Puede un show de marionetas costar 24 millones al año y seguir dictando la agenda cultural? Analizamos la maquinaria de Pablo Motos en 2026: una anomalía estadística que desafía la lógica de la fragmentación a golpe de talonario.

MS
Maria Souza
19 de janeiro de 2026 às 22:024 min de leitura
El Hormiguero: La trinchera analógica que se niega a morir

Son las 21:55 de un lunes de enero de 2026. Mientras el resto del consumo audiovisual se atomiza en nichos de TikTok y plataformas de streaming, hay una aldea gala en Antena 3 que resiste al invasor digital. Pablo Motos no hace televisión; gestiona un estado de ánimo nacional. Pero, ¿es este éxito una victoria del entretenimiento puro o el resultado de un monopolio de recursos que asfixia cualquier alternativa real?

La narrativa oficial nos vende que El Hormiguero triunfa porque es "familiar". La realidad, si apartamos las luces de neón y los experimentos con nitrógeno líquido, es bastante más cínica (y fascinante). Lo que vemos noche tras noche no es un programa de variedades, es un búnker demográfico.

⚡ Lo esencial: La guerra de trincheras

Lejos de la "magia", la fórmula Motos se sostiene sobre tres pilares de hormigón armado:

  • El monopolio del Star-System: Con un presupuesto que ronda los 24 millones de euros anuales, el programa seca el mercado de invitados. Si Hollywood pasa por Madrid, pasa por Motos. No es carisma, es peaje.
  • La inercia boomer: Mientras La Revuelta de Broncano canibaliza el consumo joven y urbano (y lo digitaliza), Motos se ha atrincherado en la España mayor de 60 años, un público fiel que no cambia de canal.
  • La victimización estratégica: Convertir cada crítica en un ataque político ha fidelizado a una audiencia que ve en Trancas y Barrancas una defensa de "los valores de siempre".

¿Recuerdan cuando la televisión lineal estaba desahuciada? Motos ha demostrado que el cadáver goza de buena salud, siempre que le inyectes esteroides financieros. La batalla contra David Broncano, estabilizada ya en este 2026, no fue una pelea justa de contenidos. Fue un choque de modelos: la televisión de autor (caótica, barata, digital) contra la televisión industrial (previsible, millonaria, analógica).

La dictadura del algoritmo humano

Mientras Netflix gasta millones en ingenieros para predecir qué quieres ver, Pablo Motos usa un algoritmo mucho más rudimentario pero letal: la repetición reconfortante. En un mundo fragmentado donde elegir qué ver genera ansiedad, El Hormiguero ofrece la paz de no tener que pensar. Es el McDonald's del prime time: sabes exactamente a qué sabe, y por eso vuelves.

El éxito de Pablo Motos en 2026 no se debe a que haya entendido el futuro, sino a que ha colonizado el pasado.

Pero miremos los números que no suelen salir en las notas de prensa triunfalistas. Si desglosamos la audiencia, el imperio tiene grietas. Su relevancia cultural entre los menores de 40 años es residual. Gana en cuota de pantalla, sí, pero ¿gana en la conversación real? O dicho de otro modo: ¿es líder porque gusta o porque es la única opción con presupuesto de blockbuster en una televisión en abierto empobrecida?

VariableEl Modelo Motos (Industrial)El Modelo Broncano (Guerrilla)
Presupuesto Anual~24 Millones €~14 Millones €
Perfil DominanteMujer > 57 años, RuralHombre < 50 años, Urbano
Estrategia InvitadosExclusividad y HollywoodReciclaje y caos narrativo
Factor ClaveHábito y CostumbreViralidad y Clip

La fragmentación televisiva es un hecho, pero El Hormiguero la combate creando una realidad paralela donde la televisión de los 90 nunca terminó. Y funciona. Vaya si funciona. Los anunciantes pagan por esa ilusión de masividad, aunque el espectador medio esté envejeciendo a un ritmo más rápido que el propio presentador.

La pregunta incómoda que nadie en Atresmedia quiere hacerse en voz alta es: ¿qué pasará cuando esa base demográfica se apague? ¿Puede esta fórmula sobrevivir sin su público cautivo?

El precio de la irrelevancia cultural

Quizás lo más irónico de esta "fórmula del éxito" es que, para mantener sus cifras masivas, el programa ha tenido que renunciar a la vanguardia. Para gustar a todos (o a la mayoría suficiente), no puedes arriesgar nada. El Hormiguero hoy es un gigante con pies de barro dorado: invencible en el Excel, pero cada vez más irrelevante en la cultura pop que se cocina en otros lados.

¿Es sostenible gastar una fortuna para mantener artificialmente un modelo de consumo del siglo XX en pleno 2026? Probablemente no a largo plazo. Pero mientras el cheque aguante y la inercia dure, las hormigas seguirán bailando, desafiando a la fragmentación, a los algoritmos y, quizás, a la propia realidad.

MS
Maria Souza

Jornalista especializado em Sociedade. Apaixonado por analisar as tendências atuais.