El enigma Flich: de la pizarra de economía al fango del reality
Ya no es solo "la que explica la inflación". En los despachos de la tele se juega una partida distinta con ella y su salto al prime time no fue casualidad. Así se fabrica un icono.

Os voy a contar algo que se comenta en voz baja por los pasillos de Fuencarral (y no es precisamente sobre las audiencias de ayer). La transformación de Marta Flich no es natural. No me malinterpretéis, tiene talento, mucho, pero su ascenso obedece a una estrategia de laboratorio diseñada al milímetro.
Hace apenas unos años, Flich era esa economista actriz que viralizaba vídeos en el Huffington Post explicando la macroeconomía como si fuera un monólogo de club de comedia. Era fresca, era indie. Pero la televisión generalista es una bestia insaciable que devora la independencia.
El error es pensar que Marta Flich es una presentadora; en realidad, es el primer híbrido perfecto entre la credibilidad técnica y el show business descarado.
¿Recordáis cuando Risto Mejide la fichó para Todo es Mentira? Ahí empezó el verdadero experimento. No buscaban una copresentadora; buscaban un relevo generacional para una parrilla envejecida. Risto hace de poli malo, ella de la poli lista (y sarcástica). Funcionó. Pero el salto mortal, el que te consagra o te mata, no es la política.
El pantano del Reality
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Poner a Flich al frente de Gran Hermano fue una jugada de póker. ¿Sustituir a Jorge Javier Vázquez? Eso es como intentar pilotar un avión mientras el piloto anterior, adorado por la tripulación, te mira desde la torre de control. Muchos pensaron que se estrellaría.
La realidad entre bambalinas es distinta. Mediaset necesitaba "limpiar" la imagen del formato. Necesitaban a alguien que no pareciera salida del mismo molde de siempre. Marta aportaba esa pátina de seriedad intelectual, incluso cuando estaba arbitrando gritos sobre quién se comió el último yogur.
👀 ¿Por qué polariza tanto a la audiencia?
La respuesta corta: porque no grita (tanto). El público clásico de reality está acostumbrado a la visceralidad, al presentador que se mancha de barro. Marta mantiene una distancia casi clínica, irónica. Para unos, es un soplo de aire fresco; para otros, una frialdad que rompe la magia del conflicto. En los despachos lo saben, pero prefieren la polémica a la indiferencia.
Lo que pocos ven es que Flich ha inaugurado una nueva era: la del presentador "navaja suiza". Hoy te explica el déficit público, mañana entrevista a un político corrupto y pasado mañana modera un debate sobre edredoning. Esa versatilidad es oro puro para las cadenas en crisis, porque ahorra costes y fideliza a nichos diferentes.
¿Ha perdido su esencia por el camino? Quizás esa chica que se reía de los bancos desde un sofá barato ya no existe. Ahora es una marca. Y las marcas, queridos lectores, no tienen amigos, tienen cuotas de pantalla.
Les stars ont des secrets, j'ai des sources. Tout ce qui brille n'est pas d'or, mais ça fait de bons articles. Les coulisses de la gloire, sans filtre.

