Economia

Barcelona y el frenazo final: cuando el asfalto ya no paga las facturas

Madrid acelera con su circuito urbano y Montmeló embraga. ¿Estamos ante el fin de una era motorizada o solo viendo al mercado cobrarse su deuda histórica con el romanticismo?

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Felipe Costa
15 de janeiro de 2026 às 15:323 min de leitura
Barcelona y el frenazo final: cuando el asfalto ya no paga las facturas

El ruido de los motores se está apagando en Cataluña, aunque los políticos insistan en que solo es un pit stop. La realidad, fría como la telemetría de un domingo de lluvia, nos dice otra cosa. El fenómeno del 'Racing Barcelona' —esa identidad forjada entre el histórico circuito de Montjuïc y la catedral de asfalto de Montmeló— se enfrenta a su dilema más cruel: la irrelevancia.

Mientras Madrid descorcha el champán con la promesa de un circuito híbrido en IFEMA para 2026 (al estilo Miami, más purpurina que gasolina), Barcelona se mira al espejo preguntándose qué salió mal. ¿Ha sido la falta de inversión? ¿El desdén de Liberty Media? ¿O simplemente que el modelo de 'circuito permanente a 30km de la ciudad' huele a naftalina en la era de Netflix?

La Fórmula 1 ya no busca la mejor curva técnica para probar la aerodinámica; busca el mejor fondo para un selfie de 100.000 likes. Y ahí, el hormigón de IFEMA gana a la grava del Vallès.

No nos engañemos con los comunicados de prensa que hablan de "coexistencia pacífica". La Fórmula 1 es un juego de suma cero. Liberty Media no quiere duplicar esfuerzos en un mismo país a menos que los petrodólares fluyan como en Oriente Medio. Y España, señores, no es Arabia Saudí. La narrativa oficial nos vende que Montmeló puede renovarse, pero las cifras cuentan una historia de subvenciones públicas que ya no se sostienen.

La gran carrera: Purismo vs. Espectáculo

Para entender por qué el 'Racing Barcelona' está perdiendo aceite, hay que mirar los datos sin el filtro de la nostalgia. Comparemos los dos modelos que chocan en la península:

FactorModelo Barcelona (Montmeló)Modelo Madrid (IFEMA)
FilosofíaClásica, técnica, purista.Evento urbano, "Show", VIPs.
AccesoTren de cercanías + caminata (o atasco).Metro a la puerta del Paddock.
FinanciaciónFuerte inyección pública (Generalitat).Promesa de capital 100% privado.
TargetAficionado del motor de toda la vida.Turista de lujo y corporativo.

¿Ven la diferencia? El modelo Barcelona es sostenible para el deporte, pero el modelo Madrid es sostenible para el negocio. Y Stefano Domenicali, CEO de la F1, no es un director de carrera; es un gestor de activos.

La hipocresía verde y el motor

Hay un ángulo que pocos tocan por miedo a la incoherencia política: la contradicción interna de Barcelona. La ciudad lleva una década declarando la guerra al coche, peatonalizando ejes verdes y restringiendo el tráfico. ¿Cómo se justifica entonces llorar la pérdida de un evento que quema miles de litros de combustible y atrae turismo de masas? Es el síndrome del 'quiero y no puedo' ecológico.

Se quiere el impacto económico (esos famosos 200 millones de euros anuales que "vuelan" a Madrid) pero se desprecia la cultura que lo genera. El 'Racing Barcelona' muere no solo por la competencia externa, sino por la asfixia interna. Si la ciudad decide que la velocidad ya no es un motor válido para su marca, entonces perder la F1 no es una tragedia; es una consecuencia lógica de su propia planificación urbana.

¿Sobrevivirá el legado? Quizás como museo o pista de pruebas. Pero la ciudad debe decidir si quiere ser un parque temático para bicicletas o mantener su estatus en la élite industrial del motor. Intentar ser ambas cosas es lo que ha provocado este derrape.

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Felipe Costa

Jornalista especializado em Economia. Apaixonado por analisar as tendências atuais.