El apocalipsis silencioso: Piqueras y el fin de la verdad de las 9 PM
Se apagó el piloto rojo y con él una era. La marcha de Pedro Piqueras no es solo un retiro; es el síntoma definitivo de que el periodismo de autor agoniza frente al algoritmo.

Recuerdo perfectamente la sensación de vértigo. No era por la noticia en sí (probablemente otro volcán en erupción o una nevada histórica en Madrid), sino por el tono. Esa cadencia inconfundible, grave pero extrañamente reconfortante, que convertía el salón de casa en un búnker de información segura. Pedro Piqueras no presentaba las noticias; oficiaba una misa laica cada noche a las 21:00. Y ahora que el templo está vacío, nos damos cuenta de que el frío que entra no es meteorológico, es estructural.
Hablemos claro: la jubilación de Piqueras es la metáfora perfecta de un naufragio a cámara lenta. El del periodismo de prescripción.
"Lo terrorífico no es que Piqueras se vaya, sino que su relevo natural no es otro periodista, es un algoritmo de recomendación de TikTok diseñado para retener tu atención, no para informarte."
Durante décadas, figuras como él (o Matías Prats, o Iñaki Gabilondo) funcionaron como curadores de la realidad. Eran el filtro humano entre el caos del mundo y tu cena. Tú no elegías qué era importante; Piqueras te lo decía, a veces con esas transiciones imposibles —del fin del mundo a un vídeo de gatitos— que internet convirtió en meme, pero que escondían una maestría narrativa brutal. Hoy, esa jerarquía ha volado por los aires.
La dictadura del scroll infinito
¿Qué ocurre cuando eliminas al intermediario? Que pasamos de la dieta mediterránea informativa (un poco de todo, equilibrado por un editor) al buffet libre de la dopamina. La televisión lineal, esa fogata alrededor de la cual nos reuníamos, ha perdido su capacidad de marcar la agenda. Ahora, la agenda la marca un trend.
Analicemos las diferencias, porque el salto es abismal:
| Variable | Era Piqueras (TV Lineal) | Era Digital (Feed) |
|---|---|---|
| Jerarquía | Editorial (Importancia real) | Algorítmica (Retención) |
| Ritual | Cita fija (21:00h) | Consumo ubicuo y ansioso |
| Credibilidad | Basada en la marca personal | Basada en el número de likes |
| Efecto | Consenso social | Polarización y nicho |
Piqueras entendía algo que los creadores de contenido actuales a menudo ignoran: el silencio. Sus pausas eran tan informativas como sus palabras. En la era del clip de 15 segundos, el silencio es penalizado, es muerte súbita. ¿Consecuencia? El periodismo se vuelve histriónico, acelerado, buscando el impacto visual por encima del contexto.
El legado invisible
No se trata de idealizar el pasado (que también tenía sus sesgos y sus servidumbres políticas), sino de entender lo que perdemos. La figura del anchorman aportaba una capa de serenidad necesaria en tiempos convulsos. Cuando Piqueras miraba a cámara, había una promesa implícita: "Esto es lo que hay, y te lo cuento yo".
Hoy, esa confianza se ha atomizado. Confiamos en un influencer para la tecnología, en un streamer para el deporte y en un canal de Telegram anónimo para la política. Hemos ganado en pluralidad, sí, pero hemos perdido el suelo común. El legado de Piqueras no son sus cifras de audiencia en Telecinco; es haber sido el último gran guardián de una realidad compartida, antes de que todos nos fuéramos a vivir a nuestras propias burbujas digitales. ¿Quién nos dará las buenas noches ahora con esa mezcla de apocalipsis y ternura?


