Boris Izaguirre: Crónica de una resurrección (y el precio de desafiar a Villa Meona)
¿Puede un dandy sobrevivir sin la bendición de la 'socialité' suprema? Boris ha vuelto de entre los muertos (literal y socialmente) para demostrar que hay vida más allá del clan Preysler y de los quirófanos.

Hay algo en Boris Izaguirre que trasciende al mero personaje televisivo; es una especie de gato con siete vidas, pero vestido por Gucci y con una copa de champán (ahora, probablemente, sin alcohol) en la mano. Os lo digo yo, que he coincidido con él en esos pasillos de Prado del Rey donde las sonrisas son afiladas y el maquillaje oculta ojeras de insomnio creativo. Boris no es solo el showman que se baja los pantalones; es el superviviente más elegante de nuestra fauna mediática.
"Nunca hay que ponerse tan cerca de las garras del lobo como lo hice yo. El cuerpo siempre avisa, pero el ego a veces grita más fuerte."
🫀 El corazón que casi se detiene
Hablemos claro, porque lo que se cuenta en los camerinos dista mucho de la nota de prensa oficial. Cuando Boris pasó por esa endarterectomía carotidea (una palabra tan fea para alguien tan estético), el miedo fue real. No fue solo un susto; fue un reset de fábrica.
Mis fuentes aseguran que Rubén Nogueira, su marido y ancla en la realidad, fue clave para que el dandy no se convirtiera en una caricatura trágica. (¿Os habéis fijado en que ahora Boris tiene una mirada diferente? Menos frenética, más... ¿sabia?). Ha cambiado las noches interminables por la concienciación cardiovascular, convirtiéndose en el embajador más improbable de la salud arterial.
❄️ La Guerra Fría con el Clan Preysler
Pero si sobrevivir al quirófano fue duro, sobrevivir al exilio de Villa Meona es una gesta homérica. Muchos pensaron que, tras aquel artículo en El País donde cuestionaba el discurso de Tamara Falcó en México, Boris estaba acabado en la 'jet set'.
Se equivocaban. (Y cuánto me gusta ver caer esos mitos). La ruptura con Isabel y Tamara no le restó brillo; le dio independencia. Mientras otros hubieran suplicado perdón de rodillas en la portada del ¡Hola!, Boris se mantuvo en sus trece, defendiendo los derechos LGTBIQ+ por encima de la amistad aristocrática. Eso, queridos lectores, se llama integridad, algo que no combina con todos los bolsos de marca.
👀 ¿Hubo realmente reconciliación con Tamara?
📺 El nuevo rey del 'Trasto' de Lujo
Y ahora, el giro de guion que nadie vio venir. TVE, en su eterna búsqueda de identidad, ha apostado por él para "Dinero o basura" (esa adaptación de Cash or Trash que ya triunfa en Europa). ¿No es poético? El hombre que fue tratado como un "trasto" desechable por la aristocracia madrileña ahora decide qué vale una fortuna y qué no.
En los pilotos grabados (sí, tengo ojos allí), se ve a un Boris desatado, que mezcla su erudición enciclopédica con esa empatía kitsch que le hace conectar con la señora de Cuenca y con el hipster de Malasaña. ¿Es este su renacer definitivo? Todo apunta a que sí. Boris ha aprendido que, al final, el único guion que importa es el que uno escribe para sí mismo, lejos de la sombra de las reinas de corazones.
Les stars ont des secrets, j'ai des sources. Tout ce qui brille n'est pas d'or, mais ça fait de bons articles. Les coulisses de la gloire, sans filtre.