Juan Salazar: El padrino accidental que la tele convirtió en meme
Mientras España se ríe de sus ocurrencias en prime time, olvidamos que sin su rumba de extrarradio, la mitad de vuestras playlists urbanas no existirían.

He coincidido con Juan en camerinos donde el catering era más triste que un día sin pan, y os aseguro algo: el hombre que veis balbuceando chistes en MasterChef es solo la coraza (brillante y hortera, sí, pero coraza al fin y al cabo) de un superviviente nato. En los pasillos de la industria se comenta a media voz. Se dice que Juan Salazar entendió antes que nadie que, si el sistema quiere un bufón, le das dos tazas y cobras el cheque. Pero detrás de esa risa fácil hay un arquitecto sonoro que nadie reivindica lo suficiente.
"Nosotros no hacíamos fusión, hacíamos lo que salía de las tripas en Caño Roto. Ahora le llaman 'urbano' y llevan autotune, nosotros llevábamos el hambre." — Una verdad que Juan suele soltar cuando se apagan los focos.
La renovada atención hacia su figura no es casualidad, ni pura nostalgia de gasolinera. Es culpa. Una culpa colectiva de una España que ha gentrificado el flamenco hasta dejarlo irreconocible. Mientras los modernos analizan la semiótica de C. Tangana, Juan sigue ahí, con su chaqueta de lentejuelas, recordándonos que la rumba catalana y el sonido de Vallecas eran el verdadero punk antes de que Malasaña se llenara de tiendas vintage. ¿Quién creéis que pavimentó el camino para que la estética de barrio fuera cool?
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Lo que pocos se atreven a escribir es que Juan Salazar se ríe de nosotros, no con nosotros. Él sabe que su vigencia actual depende de ese personaje entrañable y despistado. Pero si escuchas con atención, bajo la capa de chascarrillos televisivos, hay una dignidad de hierro. La de quien sabe que puso la banda sonora a los primeros besos (y a las primeras dosis) de una generación entera. Y eso, queridos lectores, no hay reality show que lo pueda borrar.
Les stars ont des secrets, j'ai des sources. Tout ce qui brille n'est pas d'or, mais ça fait de bons articles. Les coulisses de la gloire, sans filtre.

